sábado, 24 de diciembre de 2022

#358 Navidad con Alzheimer (José Mateos)


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NAVIDAD CON ALZHEIMER


Para Emilio, Miguel Ángel y Maribel


Mi madre, sola, en su noche

de retazos sin recuerdos,

mira una silla vacía,

la vajilla, los cubiertos,

el mantel blanco, la mesa,

triste como un cementerio.


Nosotros disimulamos,

y, a veces, se hace el silencio.


Ella, de pronto, sonríe.

Dice: “Membrillo, pan tierno…”


Y esas palabras nos bastan

para ser niños de nuevo.

viernes, 23 de diciembre de 2022

#357 The Burning Babe (Robert Southwell)

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THE BURNING BABE

As I in hoary winter’s night stood shivering in the snow,
Surpris’d I was with sudden heat which made my heart to glow;
And lifting up a fearful eye to view what fire was near,
A pretty Babe all burning bright did in the air appear;
Who, scorched with excessive heat, such floods of tears did shed
As though his floods should quench his flames which with his tears were fed.
“Alas!” quoth he, “but newly born, in fiery heats I fry,
Yet none approach to warm their hearts or feel my fire but I!
My faultless breast the furnace is, the fuel wounding thorns,
Love is the fire, and sighs the smoke, the ashes shame and scorns;
The fuel Justice layeth on, and Mercy blows the coals,
The metal in this furnace wrought are men’s defiled souls,
For which, as now on fire I am to work them to their good,
      So will I melt into a bath to wash them in my blood.”
      With this he vanish’d out of sight and swiftly shrunk away,
      And straight I called unto mind that it was Christmas day.

jueves, 22 de diciembre de 2022

#356 Al Niño Dios (Rafael Morales)

 

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AL NIÑO DIOS 


El alba tomó cuerpo en tu figura,
el aire se hizo carne, los rosales
desangraron sus rosas virginales
para crear tu piel silente y pura.

Desparramó la brisa su ternura,
la luz cuajó en tu forma sus cristales,
la luna derramó sus manantiales
para crear en Ti nuestra ventura.

Divinidad que, tan pequeña y suave,
se hace niña en tu carne redentora,
en lo infinito ni siquiera cabe.

En Ti la eternidad tiene su aurora,
en Ti nada se halla que se acabe,
¡oh, alba de Dios que entre la paja llora!

miércoles, 21 de diciembre de 2022

#355 Applesauce (Ted Kooser)

El primer poemario de Ted Kooser que leí me pareció deslumbrante. De ahí llegué a su libro sobre el arte de escribir poemas, en cuyo título está encerrado gran parte de la poética Kooseriana, que es algo más bien de andar por casa: "The Poetry Home Repair Manual: Practical Advice for Beginning Poets". Es un libro estupendo tanto para poetas como para amantes de la poesía. 

Hay una sección, la que más recuerdo, en la que cita a Seamus Heaney hablando de la tarea del poeta: "The aim of the poet and the poetry is finally to be of service, to ply the effort of the individual work into the larger work of the community as a whole". Kooser concreta un poco más en qué consiste ese servicio. Los mejores poemas son aquellos que nos ayudan a percibir la realidad de otra manera, quizá de una manera un poco más fresca, un ángulo inesperado, o quizá de una manera completamente nueva. Es lo que hace Kooser constantemente en sus poemas.

***

Una vez le pidieron a Kooser que escribiera un poema para acompañar un libro de arte que finalmente nunca salió a la luz. El poema que Kooser envió era el siguiente:

If you can awaken
inside the familiar
and discover it strange,
you need never leave home.

Y una vez comentó: "This four-line poem is a kind of credo for me. In short, we have beauty all about us, if we take the time to pay attention to it. Reinhold Marxhausen knew about paying attention; George Ault knew it. Pablo Neruda wrote dozens of remarkable poems about common things. Thousands of poets and painters have learned to pay attention like this. We honor the ordinary by giving it our attention. We enshrine the ordinary in our art. Is there anything really ordinary, I wonder." (Otros poetas concuerdan).

***

Como en esta época Navideña suele haber mucha gente rodeando la cocina, pongo un poema que me hizo ver con una admiración nueva a todos los que hacen con primor sus recetas, envueltos en conversaciones con sus ingredientes, sumidos en otro mundo que ellos mismos van creando. 


APPLESAUCE

I liked how the starry blue lid
of that saucepan lifted and puffed,
then settled back on a thin
hotpad of steam, and the way
her kitchen filled with the warm,
wet breath of apples, as if all
the apples were talking at once,
as if they’d come cold and sour
from chores in the orchard,
and were trying to shoulder in
close to the fire. She was too busy
to put in her two cents’ worth
talking to apples. Squeezing
her dentures with wrinkly lips,
she had to jingle and stack
the bright brass coins of the lids
and thoughtfully count out
the red rubber rings, then hold
each jar, to see if it was clean,
to a window that looked out
through her back yard into Iowa.
And with every third or fourth jar
she wiped steam from her glasses,
using the hem of her apron,
printed with tiny red sailboats
that dipped along with leaf-green
banners snapping, under puffs
or pale applesauce clouds
scented with cinnamon and cloves,
the only boats under sail
for at least two thousand miles.

martes, 20 de diciembre de 2022

#354 Las manos del Señor (Rafael Duyos)

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LAS MANOS DEL SEÑOR

Las manos del Señor eran... como eran

las de Moisés al recoger las Tablas,

duras para imponer los Mandamientos,

y asperas, recias, firmes, despiadadas,

arrojando del Templo a mercaderes

con látigo implacable y voz airada.


Las manos del Señor eran... como eran

las de David, ya Rey, pulsando el arpa.

Eran de alegre giro en la armonía

de acompasar el son de sus palabras,

musicales batutas para el coro

de sus celestes bienaventuranzas…


Las manos del Señor eran... como eran

las de los carpinteros; toscas, rápidas,

diestras para tallar viejos maderos;

dentro de su humildad, como doradas,

pues los rayos del sol de Galilea

las encendían mientras predicaba.

Y parecía, con la luz del véspero,

que eran como de fuego, pura llama...


Las manos del Señor eran palomas

huidas de la jaula

en torno de su Verbo estremecido

por el fervor de las parábolas...


Las manos del Señor, en su ternura,

sólo con acercarse, acariciaban..

Se sentía su piel ardiente y suave

sin llegar a tocarlas,

sólo con inclinarse a recibir

su bendición cuando El pasaba...


Las manos del Señor, Pastor y Príncipe,

Artesano y Rabí, Siervo y Jerarca,

se hubieran conocido entre millares

de manos de judíos congregadas,

por su perfume indescifrable y único,

por el gesto de amor que a todos daban...


En la tarde del Viernes, cuando el fiel

José de Arimatea desclavaba

el Cuerpo de Jesús para enterrarlo

en el jardín cercano de su casa,

las manos del Señor fueron —¡de pronto!—

como las de su Madre, frías, blancas.

Frías y blancas como las tenía

la Virgen desde aquella impar mañana

en que el Arcángel Mensajero

su respuesta esperaba...


Jesús ya muerto se tornó como Ella,

con su perfil de nazarena traza,

más claro aún que en vida y por honrar

a Aquella que le tuvo en sus entrañas…


En el instante del Descendimiento,

la muerte le acercó a la dulce infancia;

y sus manos, sus manos sobre todo,

inmóviles, sin pulso ya, enlunadas,

hicieron exclamar a las mujeres:

«¡Tiene las manos de Miriam! Miradlas!»


Todos miraron a María... Todos

—de Hijo a Madre—

las manos comparaban,

medrosos, sorprendidos,

entre gritos y lágrimas


«¡Se le han puesto las manos de su Madre....»


Miriam, la Madre, no decía nada.

Sabía que esas manos no eran suyas,

ni siquiera del Hijo al que enterraban,

¡sino de Dios, exangües, pero a punto

de la Resurrección, Ilenas de Gracia!

«llenas de Gracia» aún más, mucho más que Ella

cuando vino Gabriel a saludarla...!


¡Eran como eran las del Padre el día

en que creó a los mundos de la Nada!

¡Las manos del Señor...! Ay, quien pudiera

—junto a Juan y María de Magdala—

como ellos, bajo el cielo del Calvario,

acercarse a esas manos y besarlas...!

lunes, 19 de diciembre de 2022

#353 Those Winter Sundays (Robert Hayden)


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THOSE WINTER SUNDAYS


Sundays too my father got up early

and put his clothes on in the blueblack cold,

then with cracked hands that ached

from labor in the weekday weather made

banked fires blaze. No one ever thanked him.


I’d wake and hear the cold splintering, breaking.

When the rooms were warm, he’d call,

and slowly I would rise and dress,

fearing the chronic angers of that house,


Speaking indifferently to him,

who had driven out the cold

and polished my good shoes as well.

What did I know, what did I know

of love’s austere and lonely offices?

domingo, 18 de diciembre de 2022

#352 Te busco desde siempre (Juan José Domenchina)

 

(Ernestina de Champourcin y Juan José Domenchina)


TE BUSCO DESDE SIEMPRE


Te busco desde siempre. No te he visto
nunca. ¿Voy tras tus huellas? Las rastreo
con ansia, con angustia, y no las veo.
Sé que no sé buscarte y no desisto.
¿Qué me induce a seguirte? ¿Por qué insisto
en descubrir tu rostro? Mi deseo
no sé si es fe.No sé si creo
en algo, ¿en qué? No sé. No sé si existo.
Pero, Señor, de mis andanzas, Cristo
de mis tinieblas, oye mi jadeo.
No sufro ya la vida, ni resisto
la noche. Y si amanece, y yo no veo
el alba, no podré decirte: “He visto
tu luz, tus pasos en la tierra, y creo”.