lunes, 24 de enero de 2022

#24 Flickering Mind (Denise Levertov)

El poema de hoy entra en la conversación que ayer iniciaba Carlos Pujol. En el poema de ayer la distracción era una forma de soledad, hoy es una forma de ausencia. En ambos, la pobreza humana se topa con la riqueza divina—"the unchanging presence" tiene "tesoros de tiempo en los bolsillos"—y se siente la urgencia de por fin encontrar el zafiro, de no dejar que escapar lo único importante entre las oleadas del día. (Cf. A Prayer, Marie Howe)


Denise Levertov con Wendell Berry y Thomas Merton

FLICKERING MIND

Lord, not you,

it is I who am absent.

At first

belief was a joy I kept in secret,

stealing alone

into sacred places:

a quick glance, and away—and back,

circling.

I have long since uttered your name

but now

I elude your presence.

I stop

to think about you, and my mind

at once

like a minnow darts away,  

darts

into the shadows, into gleams that fret

unceasing over

the river's purling and passing.

Not for one second

will my self hold still, but wanders

anywhere,

everywhere it can turn.  Not you,

it is I am absent.

You are the stream, the fish, the light,

the pulsing shadow.

You the unchanging presence, in whom all

moves and changes.

How can I focus my flickering, perceive

at the fountain's heart

the sapphire I know is there?

domingo, 23 de enero de 2022

#23 [Eres la disponible eternidad] (Carlos Pujol)

El corazón de Dios fue el último poemario que publicó Carlos Pujol antes de su muerte. En poco menos de un año se acogería a las entrañas de ese corazón. Los cuatro últimos versos se me vienen con cierta frecuencia a la cabeza, como los aldabonazos del poema de Lope de Vega; el Rey de la paciencia a la espera de ese día de mañana.



Eres la disponible eternidad,

y a mí que me distrae

el vuelo de una mosca.

Mientras haya juguetes,

soldaditos, peonzas, bicicletas,

el cine de la tarde de los sábados,

ni me acuerdo de ti.

Urgen todas las fábulas.

Tú, rey de la paciencia,

con tesoros de tiempo en los bolsillos,

esperas a que un día

me canse de estar solo.

sábado, 22 de enero de 2022

#22 By The Babe Unborn (G. K. Chesterton)

Ayer fue la tradicional "Marcha por la vida" en Washington. Allí estuvimos, nuevamente, con la esperanza de que sea la última. Quizá es la primera vez en que la esperanza ha sido un poco más tangible, el cumplimiento más cercano. Ya es hora: Los derechos humanos comienzan cuando comienza una vida humana. 

Esta marcha es protesta pero es también una celebración de toda vida, un recordatorio de que toda vida importa. Y para continuar con la celebración, qué mejor invitado que Chesterton. El poema es claro como el agua, pero se lee estupendamente junto a uno de sus artículos, que es donde Chesterton se luce siempre más. En (guiño, guiño) "A Defence of Baby-Worship" dice: 

"The fascination of children lies in this: that with each of them all things are remade, and the universe is put again upon its trial. As we walk the streets and see below us those delightful bulbous heads, three times too big for the body, which mark these human mushrooms, we ought always primarily to remember that within every one of these heads there is a new universe, as new as it was on the seventh day of creation. In each of those orbs there is a new system of stars, new grass, new cities, a new sea."

El poema es la segunda versión, de 1897. 


(via)


BY THE BABE UNBORN

If trees were tall and grasses short,
As in some crazy tale,
If here and there a sea were blue
Beyond the breaking pale,


If a fixed fire hung in the air
To warm me one day through,
If deep green hair grew on great hills,
I know what I should do.


In dark I lie: dreaming that there
Are great eyes cold or kind,
And twisted streets and silent doors,
And living men behind.


Let storm-clouds come: better an hour,
And leave to weep and fight,
Than all the ages I have ruled
The empires of the night.


I think that if they gave me leave
Within that world to stand,
I would be good through all the day
I spent in fairyland.


They should not hear a word from me
Of selfishness or scorn,
If only I could find the door,
If only I were born.


viernes, 21 de enero de 2022

#21 Canción que nunca pone el pie en el suelo (Luis Rosales)

Vi nevar por primera vez a los 18 años, en España. Y fue por entonces cuando me di cuenta de que los dibujitos de copos de nieve no eran estructuras microscópicas. Yo pensaba que los copos de nieve eran más bien informes y que, a lo sumo, estaban compuestos por cristales minúsculos como los de los dibujitos. Casi me asusté al ver un copo perfecto en mi abrigo. Casi como una aparición. 

Otra maravilla: a diferencia del agua, la nieve parece no terminar de caer. Y es que en realidad no cae: se asienta.

(via)

CANCIÓN QUE NUNCA PONE EL PIE EN EL SUELO

La nieve está hablando.

Hoy 

se ha vuelto loca:

    Parece 

que llama con los nudillos

de puerta en puerta.

Va y viene. 

No sé quién la está escribiendo

pero en el aire se lee. 

Miradla bien:

cuando llega 

junto al suelo, se detiene;

no toca en la tierra: llama, 

parece llamar.
Parece.


jueves, 20 de enero de 2022

#20 Some Trees (John Ashbery)

John Ashbery cuenta que este es su poema más antiguo, de los que guardó de su juventud poética, en la época universitaria. ¡Si mi último poema fuera uno como este, moriría como buena servidora de la poesía! Pero la dama tiene a sus mozos preferidos y da a su capricho los dones con que quiere que le sirvan.

(via)


SOME TREES

These are amazing: each 
Joining a neighbor, as though speech 
Were a still performance. 
Arranging by chance

To meet as far this morning 
From the world as agreeing 
With it, you and I 
Are suddenly what the trees try

To tell us we are: 
That their merely being there 
Means something; that soon 
We may touch, love, explain.

And glad not to have invented 
Such comeliness, we are surrounded: 
A silence already filled with noises, 
A canvas on which emerges

A chorus of smiles, a winter morning. 
Placed in a puzzling light, and moving, 
Our days put on such reticence 
These accents seem their own defense.

miércoles, 19 de enero de 2022

#19 Playa de enero (Felipe Benítez Reyes)

Un poema borgiano de Felipe Benítez Reyes. Me hace pensar en "Las causas". Es un sentimiento que me resulta muy familiar: esa sensación de que nada es puro azar, a pesar de tantos azares, de que para que este instante—el mármol le da cierta solemnidad, pero podría ser cualquier cosa—llegara hasta mis manos, tuvieron que darse un millar de eventos en perfecta sincronía. ¿Azar? ¿Necesidad? "Mecanismo misterioso, de cálculo y azar".



PLAYA DE ENERO


Este trozo de mármol que he encontrado en la playa 

puede provenir del templo arrasado de Hércules, 

o tal vez de las gradas del teatro bullicioso de Gades, 

del pedestal acaso de la estatua 

de un dios o de un prohombre del Imperio, 

de la estela funeraria de un niño sin ventura 

o del friso soberbio de algún arco triunfal. 


Puede haber sido muchas cosas 

este trozo de mármol, o haber sido simplemente 

lo que es: una piedra pulida por la arena y las aguas, 

errante por la mar durante siglos 

y arrojada a la orilla finalmente 

por ese mecanismo misterioso, de cálculo y azar, 

que rige el universo y esta página.

martes, 18 de enero de 2022

#18 Letter (Franz Wright)

Franz Wright es el hijo de James Wright. Padre e hijo ganaron, en distintos momentos, el Premio Pulitzer de Poesía. Como decía el otro día, James Wright tuvo una vida muy dura. Su hijo Franz le heredó, además de su relación obsesiva son la poesía, la inclinación por el alcohol, las drogas, el suicidio. Wright padre abandonó a sus hijos cuando eran aún muy pequeños, pero Franz siempre mantuvo la comunicación con su padre. (En las cartas que he leído transluce mucha ternura). A los 15 años Franz le mandó una carta a su padre con el primer poema que había escrito. La respuesta de fue breve y contundente, muy suya: ''I'll be damned. You're a poet. Welcome to hell.'' Años después, el hijo le recordó esto a su padre en una carta y su padre le respondió: "Perhaps that was a kind of melodramatic thing to write to you.  Certainly I was taking you seriously; and I still do, and will always. But now you know that I ought to have written something more precise.  Perhaps I would have written more truly if I had bid you welcome to yourself, which as you well know contains hell all right but a good deal more than hell, too." En cualquier caso, Franz Wright vivió por un tiempo esa vida un poco infernal de su padre hasta que conoció a la mujer de su vida y ahí comenzó un camino que lo llevaría a la fe Católica. (Una vez escuché a alguien hablar de la santidad—en sentido estricto, no sólo de quien lleva sufrimientos con entereza—de su mujer). Fue una conversión muy sincera, que influiría tremendamente en su poesía, pero que no espantaría todos los demonios. Antes y después de la conversación Franz Wright sería conocido por su cierta locura. Su historia está lejos de ser la de un san Agustín. Sin embargo, cuando Wright habla de la fe, hay una de piedad de niño, de sentirse redimido hasta los huesos, con un agradecimiento de ponerse de rodillas, a pesar de la conciencia de sus muchas faltas, de sus desvaríos. Para más detalles sobre su conversión, esta conversación es sorprendente y fascinante. Genio y figura hasta la sepultura, Franz Wright no paraba de crear, de escribir poemas en pequeños papelitos. En su últimos dos años de su vida, cuando ya se estaba muriendo de cáncer, grabó 546 casetes, una mezcla de poesía, conversaciones, monólogos sin sentido. Hay un excelente programa de radio, cautivante y conmovedor, que narra cómo fue escucharlos todos.

El poema de hoy está sacado de Walking to Martha's Vineyard, el poemario que lo hizo merecedor del Pulitzer. Allí están los poemas de la época de su conversión. Él mismo cuenta, en la entrevista que enlacé arriba, que la mayoría de los poemas fueron escritos caminando hacia Misa, durante la Misa, o en el camino de vuelta.

(Franz y James Wright)

LETTER

I am not acquainted with anyone

there, if they spoke to me

I would not know what to do.

But so far nobody has, I know

I certainly wouldn't.

I don't participate, I'm not allowed;

I just listen, and every morning

have a moment of such happiness, I breathe

and breathe until the terror returns. About the time

when they are supposed to greet one another

two people actually look into each other's eyes

and hold hands a moment, but

the church is so big and the few who are there

are seated far apart. So this presents no real problem.

I keep my eyes fixed on the great naked corpse, the vertical

        corpse

who is said to be love

and who spoke the world

into being, before coming here

to be tortured and executed by it.

I don't know what I am doing there. I do

notice the more I lose touch

with what I previously saw as my life

the more real my spot in the dark winter pew becomes—

it is infinite. What we experience

as space, the sky

that is, the sun, the stars

is intimate and rather small by comparison.

When I step outside the ugliness is so shattering

it has become dear to me, like a retarded

child, precious to me.

If only I could tell someone.

The humiliation I go through

when I think of my past

can only be described as grace.

We are created by being destroyed.